La jubilación laboral no detiene el reloj del ciclo vital, por más que haya personas que así lo sienten. El cese del trabajo no es un punto y aparte, sino un punto y seguido. Tras el retiro, la gama de color de cada día es tan variada como siempre, no permuta al blanco y negro. Optar por una u otra visión depende en gran medida de la perspectiva que adopta quien se jubila.
Al hilo de esta idea, resultan de interés las reflexiones de un geriatra que ha dejado el mundo del trabajo. No niega los aspectos negativos que la jubilación pueda acarrear; entre otros, el cambio económico o de estatus social o profesional. Pero, al mismo tiempo, señala los elementos positivos de la situación. Y no son pocos.
Oportunidades tras la jubilación laboral
¿Quién no se ha quejado alguna vez de la falta de tiempo? Pues ahí está el primer beneficio: mayor cantidad de tiempo libre. Más de un tercio del día, antes dedicado al trabajo, está a nuestra disposición. Son horas por llenar; una tarea que abruma si hay que improvisar. Sin embargo, el horizonte de la jubilación se aproxima de un modo gradual. De ahí la importancia de prepararla antes, al menos, a grandes rasgos. La situación de cada cual condiciona la aceptación de los cambios. No obstante, una buena actitud allana el camino.
Habrá más tiempo para el ejercicio físico, excelente terapia física y anímica; para dedicar a la relación social, bien sea con familiares, amigos o conocidos; para actividades de ocio y culturales: viajes, cine, teatro, bibliotecas, asociaciones vecinales o de cualquier otro tipo. Y, por qué no: para el voluntariado, una práctica cada vez más extendida entre los miembros de la antes llamada tercera edad, un término ya en desuso. Lo importante es que la vejez no sea nunca una edad de tercera.