El ejercicio físico en la vejez aporta beneficios. ¿Quién no ha oído hablar de sus virtudes más de una vez? Y cualquier edad es buena para moverse. La actividad física ayuda a controlar el peso, desarrolla el equilibrio y fortalece el corazón, los músculos y los huesos. Sus provechos no alcanzan solo al plano físico, también al psíquico, pues activa la mente y mejora el estado de ánimo. Por si fuera poco, es la mejor arma contra el riesgo de caídas, una de las peores amenazas de las personas mayores. Los frutos son tantos y tan variados que describirlos en su totalidad rebasa el contenido de esta entrada.
El ejercicio físico en la vejez mejora la calidad de vida
Lo vimos en su día: la salud se entrena. Sin embargo, el envejecimiento está lleno de estereotipos. Y uno de los tópicos más extendido es creer que el ejercicio en la edad avanzada no es conveniente. Lo cierto es que no hay un solo argumento a su favor; más bien, al contrario. Se trata de un error que daña a quien lo adopta como norma. Y es que el sedentarismo no hace sino ampliar las secuelas del paso del tiempo en el organismo. En lo posible, hay que hacerle frente para retrasar su daño.
Envejecimiento y enfermedad no son sinónimos. No obstante, la presencia de patologías es más probable a medida que se cumplen años. Esta circunstancia lleva a pensar que la actividad física está contraindicada. Pero los estudios que ponen de manifiesto sus ventajas son muy numerosos. Conservar la autonomía ha de ser un objetivo primordial en la vejez. En este sentido, no hay mejor aliado que la práctica de ejercicio de modo habitual. Así lo ponen de relieve un conjunto de expertos en un evento celebrado recientemente en la Fundación Ramón Areces.
Enlace a la jornada de la FRA.