Actualidad sobre personas mayores

El orgullo de ser vieja de dos mujeres mayores

El orgullo de ser vieja

Dos mujeres mayores lucen el orgullo de ser viejas. Una de ellas es Anna Freixas y es la autora del libro que hoy comentamos; otra es Manuela Carmena, que lo prologa y conocida en este portal como una alcaldesa animosamente activa. Ambas valoran la experiencia que proporcionan los años. Consideran que la edad es una fuente de recursos que abre la puerta a la sabiduría, la prudencia y la creatividad; es decir, a cualidades que hacen de la vejez un periodo de la vida tan fértil que los demás. 

Freixas rompe clichés, como en obras suyas anteriores. Aquí reivindica la palabra vieja, un término que se suele rechazar. Y es que a menudo es más despectivo que descriptivo. Pero ella reclama su uso. Se opone a apelativos como viejoven o joviejo, que no le agradan, y más aún a diminutivos como abuelita o ancianita. Quiere dar luz a un periodo de la vida que no la tiene y da miedo: la vejez. Defiende las canas, las arrugas o una talla más y se rebela ante la presión de parecer siempre joven. Ella está en contra de negar la realidad. Tiene 77 años y se muestra orgullosa de pertenecer a una generación que alumbró conquistas sociales de gran calado, como el divorcio, el aborto o el matrimonio homosexual.

Un buen prólogo para el orgullo de ser vieja

 

Carmena agradece a la autora un texto que cuestiona el rol de la mujer, mayor o no, en la sociedad. Aunque confiesa que el término vieja no le gusta. Añade al final una nota muy emotiva. Cuenta cómo la muerte del marido de Freixas, a los 91 años, interrumpió la escritura del prólogo. Y reflexiona sobre el hecho de que la vejez, una época que sin duda puede ser dichosa, se topa con el dolor. Afirma, no obstante, que se trata de un dolor que es inherente a la vida y no se puede eludir, tal como se puede leer aquí.

La imagen se corresponde con la portada del libro, que ya va por su segunda edición. Enhorabuena a la autora.