La nuestra es una sociedad que envejece, pese a que los demógrafos sostienen que no envejecen las poblaciones sino los individuos. Lo cierto es que la esperanza de vida aumenta y el número de mayores se incrementa día a día. En ese sentido, el siglo XXI está lleno de retos. El lema de la OMS Añadir vida a los años nació en la década de los 80. Sin embargo, parece que no se ha logrado aún. Los estereotipos en torno a la vejez siguen vigentes en gran media y la edad avanzada se considera más una rémora que una oportunidad.
No es suficiente la imagen de tantos y tantos mayores que poco tienen que ver con los de antaño. Hay multitud de ejemplos de quienes a los 70, 80 y más años continúan dinámicos en su ámbito. Las personas mayores son más activas que nunca. Y lo serán más en el futuro, si la sociedad no les da de lado.
Estrategias para una sociedad que envejece
Las etapas vitales se extienden y sus límites se desdibujan. Muchos mayores de hoy dejaron de ser niños muy pronto. Se incorporaron al trabajo antes de la adolescencia, una etapa que ni siquiera conocieron. Por el contrario, la infancia y la juventud se alargan ahora hasta extremos inusitados. Mientras tanto, la rígida barrera vital que marca la edad de jubilación y condena al ostracismo no se atenúa. Y no debería ser así.
La actividad no termina con el fin de la práctica laboral. Queda mucho tiempo por aprovechar. Y urge un cambio de enfoque que haga valiosos los años ganados a la vida. Un artículo de CENIE señala la necesidad de poner en marcha estrategias de distinto signo para conseguirlo. La longevidad demanda planes de anticipación, inversión, relaciones intergeneracionales, pactos laborales o reformas urbanas entre otros. Medidas, en fin, para afrontar con éxito la actual dinámica demográfica.