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Una jubilación que se aplazó por la Covid-19

Una jubilación que se aplazó

La de Luis Enjuanes es una jubilación que se aplazó por la Covid-19 en 2020. Primero la demoró de los 65 años a los 70; luego a los 75; cuando se iba a ir, llegó la pandemia. Y, dado que no conviene dejar el barco en medio de la tormenta, no se fue. Lleva más de 35 años trabajando con virus. Estudió Química en Valencia; sus padres no le podían pagar la carrera de Medicina, que era más cara. Con el tiempo, acabó en el laboratorio de Margarita Salas, en el Centro Nacional de Biotecnología del CSIC. 

Y ahí sigue, a los 76 años, al frente de un equipo que rema sin cansancio en su afán de doblegar al SARS-CoV-2. Es un virus muy peligroso. Contagia y no produce síntomas en días y el afectado lo trasmite sin saber; provoca patologías muy distintas, porque ataca a muchos órganos del cuerpo; tras su paso, no solo deja muertes, también graves secuelas. Y todo indica que ha llegado para quedarse. 

Una gran vacuna gracias a una jubilación que se aplazó

 

El legado de Enjuanes no es menor. Una vacuna fuerte y segura que se amplifica. Quiere decirse que una sola dosis de ARN se multiplica en el organismo y produce una inmunidad muy potente. Sin pinchazos, pues se administra por vía intranasal, es decir, por la nariz. Otra ventaja más es que protege de la infección. No solo aminora los síntomas, sino que la persona no enferma. Y, por lo tanto, evita que se transmita a otros. En fin, que la vacuna cuenta con una gran lista de beneficios sobre las actuales. No obstante, la ciencia camina despacio; no hay atajos. Quedan pasos por dar hasta que esté lista. Habrá que esperar a 2022. 

Ojalá que se haga realidad. Hace ya un año, con el cierre de los centros de mayores. se creyó que el problema no sería muy grave. Y las consecuencias están a la vista. Lo cierto es que la ciencia conoce mucho mejor a un virus que, hoy por hoy, es un gran desafío para la humanidad. No nos queda sino confiar en ella. La noticia se puede ver en este enlace.