Dormir bien es un deseo muy común, aunque no siempre fácil de lograr. El 13 de marzo se celebra el Día Mundial del Sueño y su lema para 2026 es «Duerme bien, vive mejor». Y es que según la Sociedad Española de Neurología (SEN) el 56% de la población adulta no duerme el número de horas recomendado y más de la mitad asegura que su sueño no es reparador.
Por otra parte, el 25% de la población infantil no tiene un sueño de calidad y solo el 30% de los niños de más de 11 años duerme las horas adecuadas para su edad. Entre los jóvenes, más del 60% reconoce que resta tiempo al descanso para dedicarlo a otras actividades, como el ocio o las pantallas. Es decir, el problema afecta a todos los grupos de edad. No obstante, a medida que se cumplen años se incrementa el porcentaje de individuos con dificultades. Y de eso trata la crónica de hoy.
Una buena higiene del sueño para dormir bien
El descanso nocturno es una necesidad esencial para el buen funcionamiento del organismo. De ahí que muchas personas demanden remedios que mejoren su calidad. Sin embargo, la mayoría de los medicamentos utilizados a tal fin no son innocuos. Pueden provocar dependencia, tanto física como psíquica y reducen su eficacia con el paso del tiempo, generando nuevos tropiezos. Además, pueden causar somnolencia diurna, con el consiguiente riesgo de caídas en los mayores.
Por todo ello, de entrada, conviene aplicar la regla de menos pastillas y mejores hábitos de vida. Porque el primer paso para la mejora del sueño ha de ser comprobar si se cumplen ciertos requisitos. Uno muy importante es ajustar el reloj interno que rige el sueño y la vigilia: el ritmo circadiano. Y si la expresión «no duermo bien» es una queja muy frecuente es indispensable revisar con atención los hábitos o pautas que pueden influir en el problema.