La esperanza de vida al nacer es el número de años que se espera que un individúo viva desde el momento de su nacimiento; eso sí, siempre que se mantenga el patrón de la mortalidad del periodo observado (INE). Desde finales del siglo XVIII la cifra no ha hecho más que crecer. A lo largo del siglo XIX y principios del XX, el aumento se debió sobre todo a la reducción gradual de la mortalidad en la infancia.
El establecimiento de medidas higiénicas, a través de las redes de saneamiento y agua potable; el control de las enfermedades infecciosas, con la vacunación y el uso de antibióticos; y, en general, la mejora de las condiciones de vida, hicieron posible que los hijos vivan más y mejor que los padres. Hasta ahora, este hecho ha sido una constante. Pero, al parecer, la tendencia se ha alterado.
Cambios en la esperanza de vida al nacer
A partir de las pasadas décadas 50 y 60, la ampliación de los años vividos fue de la mano del sector de población de mayor edad. En los años 60 del pasado siglo, la esperanza de vida no llegaba a los 70 años; hoy, supera con creces los 80. Como resultado, la cantidad de mayores se incrementa. En 2024, ascendía nada menos que a 9.687.776 personas; es decir, a un 20,1% de la población española. Sin embargo, el crecimiento de la esperanza de vida se ha ralentizado; en algunos países, incluso, comienza a disminuir.
El pronóstico no es bueno. Las enfermedades crónicas, como las cardiovasculares, la diabetes o el cáncer reducen los años de vida a los que una persona puede aspirar. Y no solo eso; también impactan en la calidad con que se viven. La obesidad, el consumo de alimentos ultraprocesados, el tabaco y el alcohol están detrás. Son las denominadas enfermedades no transmisibles, que se extienden cada vez más. Urgen políticas sanitarias que frenen su desarrollo.